ISSN 1989-1970

Abril-2022

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MARÍA JOSÉ BRAVO BOSCH: Teodora y el feminismo jurídico en Bizancio, Tirant lo Blanch, Valencia, 2021, 318 págs.

 

 

 

Tomás Quintana López

Catedrático

Universidad de León

 

 

 

(QUINTANA, Tomás. MARÍA JOSÉ BRAVO BOSCH: Teodora y el feminismo jurídico en Bizancio, Tirant lo Blanch, Valencia, 2021, 318 págs. RIDROM [on line]. 28-2022.  ISSN 1989-1970.  p. 560-564. https://reunido.uniovi.es/index.php/ridrom)

 

 

 

 

Entre los más destacados gobernantes que han contribuido a ahormar la Historia conforme a principios que identificamos como el soporte de la civilización occidental, sin duda ocupa un lugar de primer orden el Emperador Justiniano, tan relevante como el que la historiografía otorga a Julio César, a Carlomagno o a Isabel y Fernando, nuestros Reyes Católicos, y también a su biznieto Felipe II.

En efecto, más allá del empeño de Justiniano en reconstruir la integridad del Imperio Romano poco menos de un siglo después de la definitiva división entre las partes occidental y oriental del mismo, que llevó a cabo el Emperador de origen hispano Teodosio el Grande, a su muerte, entre sus dos hijos Honorio y Arcadio, una reconstrucción parcialmente conseguida gracias al genio militar de Belisario, lo cierto es que Justiniano ha pasado a la Historia y, sobre todo, a Historia del Derecho como el gran compilador, al que indirectamente debemos nuestra primera formación los juristas de cientos de generaciones que, sin excepción, hemos bebido en las fuentes del Derecho Romano; aunque, en realidad, la magna tarea que supuso la elaboración, gracias a su impulso, del  Corpus Iuris Civilis, no sea el resultado, en exclusiva, de una labor compilatoria, cuya máxima expresión es el Digesto, pues en paralelo a su elaboración se ha de anotar en el haber de Justiniano la creación de normas o Novelas (Novellae Constitutiones), lo que supuso la innovación del ordenamiento como manifestación primigenia de la voluntad de gobierno.

Pero no es el Emperador Justiniano el personaje del que, por mucho que haya sido un actor principal en la historia de nuestra civilización, se ocupa la profesora María José Bravo Bosch en un magnífico libro que pretendo glosar con la brevedad que exige una recensión pues, como anuncia su título, es una mujer, Teodora, la figura histórica que centra la investigación que realiza la autora.

Una mujer que, pese a vivir en la primera mitad del siglo VI, no encaja en el prototipo femenino del hoy superado aforismo que venía a situar a las mujeres valiosas detrás de  hombres capaces de atesorar una vida exitosa; porque frente a ese tópico hoy completamente anacrónico, la Emperatriz Teodora, en los años que compartió su vida con el Emperador, no estuvo detrás, sino a su lado, como lucen ambos, cada uno con su séquito, con el mayor resplandor, en los inigualables mosaicos de la iglesia de San Vital, en Rávena. Y decimos que estuvo al lado, pese a que, sin exagerar un ápice, debe ser reconocido que en, al menos, un momento crucial para el Imperio y, por lo tanto, para el destino de la familia imperial, con poco más de treinta años de edad, pero con la mayor determinación, supo infundir en el propio Emperador y en los suyos el ánimo necesario para hacer frente a la conocida como Revuelta de Nikà, que de haber triunfado otros hubieran sido los anales que se habrían de haber escrito sobre Bizancio.    

Pero el mayor influjo de la Emperatriz Teodora en el devenir del Imperio hay que reconocérselo en los cambios normativos que se hicieron en favor de la mujer en los tiempos de Justiniano, pues como, con toda prudencia pero con argumentos concluyentes, explica la profesora Bravo Bosch en su libro, es perceptible la influencia de la Emperatriz en la aprobación de una serie de Novelas cuyo objeto era mejorar el estatus de la mujer en el mundo bizantino, sobre todo de aquellas que se hallaban doblemente estigmatizadas por ser mujeres y ser pobres; doble condición que originaba la situación misma que sufrió Teodora desde su infancia hasta que, pasados los veinte años de edad, conociera al que poco después sería Emperador de Oriente, habiendo  arrastrado hasta entonces una vida plagada de dificultades, que la empujaron a ejercer oficios desprestigiados y, con toda probabilidad, a prostituirse, como forma de subsistir en Constantinopla, conocida entonces como la Nueva Roma, capital del Imperio y, quizás por eso, también gran burdel en el que se ganaban la vida muchas mujeres desheredadas de la fortuna, entre ellas seguramente la propia Teodora.

Un periodo ese de su corta vida que, como a cualquier persona que pase por ello, la marcaría para siempre, llevándola a hacer el bien a las mujeres que tenían que sobrevivir ligadas por las ataduras de la miseria, en un tiempo, hasta su muerte sin haber cumplido los cincuenta años, en que fue la mujer más poderosa del mundo. Un ejemplo, sin duda, de lo contrario de lo que en muchas ocasiones nos muestra la olvidadiza condición humana, frecuentemente tornada en miserable al ser capaz de abrazar él éxito renegando del pasado.

Por eso, se entiende mal que, ante una personalidad tan deslumbrante, un personaje contemporáneo, el historiador Procopio de Cesárea, si no fuera movido por intereses espurios, haya contribuido con su Historia Secreta a difamar a la Emperatriz a costa de su pasado y sin conmiseración alguna hacia las circunstancias que, por ser coetáneo, conocería a la perfección. Por eso, contrariamente, se entiende bien que la Dra. Bravo Bosch, con exquisita sensibilidad pero, sobre todo, con los sólidos apoyos que le proporciona la más selecta historiografía dedicada al periodo justinianeo, tome partido, frente al libelo, por Teodora, como paradigma de mujer adelantada a su tiempo, que por eso bien merece el reconocimiento que suponen las páginas de la monografía que le dedica otra mujer. Esta, una romanista extremada que con este y otros importantes trabajos está contribuyendo de forma decisiva a ofrecer un testimonio riguroso de la posición que ocupaba la mujer en la civilización romana, incluida la postrimería del mundo clásico en que vivió la gran Emperatriz de Bizancio.